sábado, 22 de agosto de 2009

LA REVOLUCIÓN ANTE EL CHANTAJE

La revolución ante el chantaje
El abierto ataque imperialista a la Revolución Bolivariana genera una situación delicada y preocupante para el venezolano de hoy, situación que debe ser atendida prontamente antes de que cunda el temor en las masas
El proceso revolucionario bolivariano vive momentos difíciles. La derecha internacional arrecia su campaña desestabilizadora, orientada a derrumbar el gobierno chavista. Toda una campaña mediática, caracterizada por el chantaje y la extorsión que busca contraponer las masas a las propuestas revolucionarias, una campaña fundamentada en la mentira y la farsa, distorsionando la realidad, y enviando mensajes que buscan convencer a las masas de lo inconveniente para el país del proceso revolucionario en marcha. Hay una fuerte disposición a hacerle la vida imposible al gobierno a lo interior, y a lo exterior, la estrategia va orientada a limitar hasta su eliminación los apoyos y solidaridad que los gobiernos latinoamericanos ofrecen a la revolución bolivariana. El objetivo es claro: evitar que crezca la influencia revolucionaria bolivariana en la región, que significaría merma del poderío y presencia que tradicionalmente ha ejercido Estados Unidos en Latinoamérica, derivando de ello cuantiosos beneficios por el ejercicio omnímodo del poder y la explotación sin límites de los recursos económicos de la región.
Estados Unidos es celoso de su poder e influencia, para lo cual busca aliados incondicionales que permitan su dominio. Tradicionalmente lo ha hecho así en Latinoamérica, con la ayuda de incondicionales adláteres internos que facilitan no sólo su presencia sino el entronizamiento de su poderío, lo que le ha permitido intervenir sin obstáculos ni resistencia visible en la vida interna de los países penetrados, hegemonizándolos a su antojo. Venezuela, víctima en el pasado de la nefasta política externa estadounidense, por la acción permisiva de sus sectores dominantes, entreguistas del país y de sus recursos a cambio de migajas, mantiene ahora una conducta independiente, de defensa de sus intereses y de su soberanía de país independiente, después de tantos gobiernos cipayos y apátridas. Estrategia inaceptable para los intereses estadounidenses en Latinoamericana, y lo peor con repercusiones en otras partes del mundo, lo que entorpece la política internacional imperialista, del gran país del norte.
El abierto ataque imperialista a la Revolución Bolivariana genera una situación delicada y preocupante para el venezolano de hoy, situación que debe ser atendida prontamente antes de que cunda el temor en las masas, y se instale el escepticismo en muchos de los que hasta ahora han sido fervientes seguidores del proceso revolucionario, pero que sometidos al bombardeo mediático, ante la ausencia de una bien fundamentada concepción revolucionaria, sucumban irremediablemente, y ocurra simplemente el derrumbe de la Revolución en marcha. Sería lastimoso, que el sistema de libertades abiertas que hoy vive y disfruta el venezolano sea sustituido por una arremetida derechista, y el fascismo internacional se imponga en nuestro país, arranchándose en él a su antojo.
Este serio peligro debe ser advertido inmediatamente a las masas. Y hacia este objetivo debe orientarse una ya agresiva campaña contramediática, que desmonte pronto el invasivo esquema sofístico y falaz que distorsiona la realidad venezolana, erosionando las bases sustentadoras de la Revolución, y que busca su inmediata caída. En lo inmediato hay que desenmascarar al enemigo. Identificar sus aliados y ubicarlos, darlos a conocer, y atacarlos contundentemente hasta su eliminación. La situación actual no acepta blandenguerías, la debilidad y tardanza en las acciones es el mejor aliado de los enemigos del proceso revolucionario bolivariano. Es cierto que se quiere hacer una revolución pacífica, sin alterar con la violencia la tranquilidad de todos, ni atentar contra la vida de alguien, recurriendo a los nefastos procedimientos con que en el pasado se ultrajaba al ser humano hasta hacerlo rendir su vida.
El respeto a la vida y a la dignidad humana es consigna irrenunciable de este proceso. Pero no se puede acudir al hipócrita mandamiento cristiano de ofrecer la mejilla al abofeteo consecutivo, sin que las fibras humanas se tensen. Es normal y necesario reaccionar ante un ataque despiadado; y si esto es así, en términos de un individuo, mucho más lo es cuando se trata de un Estado: la reacción tiene que ser inmediata, ante enemigos internos y externos poderosos, de objetivos confesos y estrategias bien señaladas. Debemos decirle no al chantaje. El Estado de derecho venezolano tiene una misión ineludible: cumplir y hacer cumplir las leyes. Aplicar la ley, ajustado plenamente a los principios del Derecho no es un delito, y velar por el bienestar y la seguridad de todos es meta deseable y esperada por todos. Hay, pues, que actuar en consecuencia. “Vacilar es perdernos”, ya lo dijo Bolívar.
Gilberto J. López

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